martes, 11 de octubre de 2011

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LA IV CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO SANTO DOMINGO

Fray Andrés Gómez Rozo, O.S.A.

Esta IV conferencia del CELAM parte de un fundamento teológico para iluminarnos acerca de la postura de nuestra Iglesia latinoamericana frente a los medios de comunicación social: la evangelización como anuncio del Reino es comunicación para que vivamos en comunión.  Vivir en comunión a ejemplo de Dios uno y trino que nos ha creado a su imagen y semejanza, que ha entrado en la historia y ha inaugurado un mundo de nuevos encuentros, intercambios, comunicación y comunión; es desde esta realidad que comprendemos el misterio del hombre llamado a desarrollar su identidad en el encuentro con otros.

El Padre se comunica con nosotros a través del Verbo hecho carne, Él es la Palabra liberadora y redentora, protagonista del diálogo profundo entre Dios y el hombre.  Así, Cristo es el modelo del comunicador, en Él Dios sale al encuentro nuestro y espera nuestra libre y generosa respuesta.  Este encuentro que crea comunión siempre es crecimiento, es camino de santidad.

Pero, para esta IV conferencia del episcopado, esta comunicación no sólo es importante en el mundo sino también al interior de la Iglesia.  De hecho, el Papa Juan Pablo II, en el discurso inaugural de esta conferencia exhorta a la Iglesia para que como una prioridad intensifique su presencia en el mundo de la comunicación; dando gracias a Dios por estas herramientas que nos ofrece la cultura actual, hace un llamado a procurar la inculturación del mensaje evangélico en esta misma cultura haciéndola expresiva de Cristo.

De este modo, la conferencia reconoce y valora las muchas posibilidades que ofrece el desarrollo tecnológico en materia de comunicaciones pero no puede dejar de llamar la atención, en este contexto latinoamericano, en lo que respecta a la manipulación de la información por parte de unos pocos con enorme poder, con fines consumistas y hedonistas que atropellan nuestras culturas con sus valores e identidades.  La publicidad introduce falsas expectativas y crea necesidades, sobre todo la televisión abunda en violencia y pornografía que penetra en el seno de las familias.  Frente a esta realidad la Iglesia, cuya presencia es aún insuficiente en este sistema de medios, debe con agentes preparados y líderes afrontar el desafío.

Siempre se deberán apoyar e impulsar los esfuerzos por hacer de estos medios espacios en los cuales se geste el encuentro, el diálogo, la defensa de la identidad cultural, la libertad de expresión, la integración latinoamericana, sobre todo apoyar a los profesionales católicos de la comunicación para que puedan cumplir su misión.  Procurar la comunicación eclesial con organizaciones internacionales para aunar esfuerzos al respecto.

No se debe escatimar en la formación técnica, doctrinal y moral de todos los agentes de pastoral que trabajan con los medios de comunicación para que haya una debida orientación que cree conciencias críticas especialmente en los hogares.  Otro tanto, se deberá hacer en Universidades católicas, seminarios y casas de formación religiosa, que deberán formarse sistemáticamente para afrontar estos retos y usar la informática para optimizar nuestros recursos evangelizadores.

Creo que todo este esfuerzo, como bien nos damos cuenta, debe empezar por casa, los católicos debemos irradiar una auténtica vida cristiana siendo garantes de la comunicación que genera comunión, identidad, cultura, humanidad; este es uno de nuestros más grandes retos como Iglesia, decía su santidad Juan Pablo II que “la primera forma de evangelización es el testimonio”[1].



[1] Discurso inaugural del Santo Padre en la IV conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe, Santo Domingo.

jueves, 18 de agosto de 2011

FIGURA E IMPORTANCIA DE AGUSTÍN DE HIPONA DESDE LAS CONTROVERSIAS ARRIANA Y DONATISTA


Por Fray Andrés Gómez Rozo, O.S.A.

Sin lugar a dudas,  dos de las controversias que ocuparon gran parte del tiempo y de la obra de Agustín fueron la arriana y la donatista, importantísimas en su aporte como Padre de la Iglesia, como pastor, como “teólogo” si así lo podemos llamar.  Ya hemos comentado que es gracias a estas controversias que se inicia toda esa producción especulativo-teológica y si podemos llamarla “sistemática” que se dio precisamente por la inquietud del creyente frente a Dios, que en su esfuerzo teológico quiso dar razón, adentrarse en lo que él creía, tratar de explicar ese misterio de Dios, el acontecimiento y misterio de Cristo.  Estamos ubicados en la época de los grandes concilios que buscaban definir la fe, hay una abundante riqueza de producción literaria patrística.
Dentro de ella, Agustín fue y sigue siendo, por supuesto, uno de los más grandes exponentes de esta literatura patrística, digo sigue siendo, porque son muchas las lecturas contemporáneas que a partir de su teología y aporte se han realizado para plantear y argumentar discursos antropológicos, sociológicos, políticos, económicos, filosófico-teológicos, hasta ecológicos, ha sido el centro de muchos debates actuales, los ha alimentado cobrando una actualidad impresionante.
Ahora bien, frente a la controversia arriana destacamos la rica producción literaria de Agustín, escribe con el ánimo de dejar clara la postura católica frente a las posturas arrianas en torno a la divinidad del Hijo y la naturaleza del Espíritu Santo.  Es así como coloca las bases de toda su doctrina trinitaria, sin lugar a dudas, fundamental en la formulación del dogma en occidente. 
Dentro de esta controversia se destacan obras como el Sermón de los arrianos y la Réplica que él mismo hace del mismo sermón, obras tratadas en el seminario y que nos permitieron acercarnos por un lado, al pensamiento arriano, a su contexto, sus implicaciones teológicas, su problemática cristológica, y por otro lado, al pensamiento agustiniano destacando en él su claridad, sabiduría, retórica, argumentación, su papel como apologeta incansable de la fe, no sólo desde sus escritos sino también en conferencias y debates públicos como el que tuvo lugar en Hipona con Maximino, obispo arriano, en el 428 y del cual se conserva una obra titulada: Debate con Maximino, obispo arriano.  También tenemos la Réplica que hace Agustín al mismo Maximino, arriano.
San Agustín y los herejes,
Tomada de: http://evangelizo.org/www/popup-saints.php?language=SP&id=12186&fd=0
Vemos en la controversia arriana a un Agustín apologeta, defensor de la fe, a un pastor auténtico de su Iglesia, a un eminente literato y retórico, a una autoridad, a un polémico, a un maestro.  Recordemos como un aporte fundamental de toda esta polémica y de lo planteado y rebatido por Agustín la cristología, que surge de la discusión arriana-agustiniana y que va a ser la que utiliza León Magno para concretar la cristología católica en el Concilio de Calcedonia del 451.
Por otra parte, la controversia donatista tiene otro tinte distinto, dado que nace precisamente como problemática disciplinar y no dogmática, va a tener un énfasis especial en lo que respecta a la unidad de la Iglesia sin negar la riqueza doctrinal del debate que surge entre Agustín y los seguidores de Donato o donatistas.  Al igual que en la controversia arriana, es muy rica la producción literaria que conservamos de esta polémica donatista, obras como Carta a los católicos sobre la secta donatista(la unidad de la Iglesia), Sermón a los fieles de la Iglesia de Cesarea, Salmo contra la secta de Donato, Réplica a la carta de Parmeniano, Tratado sobre el bautismo, Resumen del debate con los donatistas, Réplica a las cartas de Petiliano, el único bautismo (Réplica a Petiliano), Mensaje a los donatistas después del debate, Réplica al gramático Cresconio, donatista; Actas del debate con el donatista Emérito, Réplica a Gaudencio, obispo donatista; nos dejan ver en sus títulos y número lo magna que fue esta polémica de la cual surgieron definiciones cruciales para la teología católica, entre ellas, una teología de los sacramentos, en especial del bautismo, por el hecho de que los donatistas rebautizaban a los que habían sido bautizados por los que ellos llamaban apóstatas y que habían entregado las Escrituras.
No podemos dejar de lado el contexto que entre leemos en las obras antidonatistas de Agustín, un nacionalismo marcado, una fuerte protesta político-social frente al imperio romano, que dividió tanto a nivel social como económico a los cristianos del Norte de África, y que no fue un movimiento minúsculo, sino que alcanzó grandes proporciones extendiéndose hasta regiones como Italia, España y Francia, arraigándose profunda y principalmente como cisma en el África romana. 
Este cisma involucra todo el imperio con graves problemáticas disciplinares que desembocaban muchas veces en grupos revolucionarios, recordemos que la Iglesia es el elemento unificante del imperio romano desde Constantino hasta Teodosio, por lo que aceptar otra Iglesia, como la donatista, traía como consecuencia el fragmentar el imperio romano y la Iglesia universal.
Por supuesto, el tema del debate central fue la unidad de la Iglesia, como bien lo expresé anteriormente, por tanto, de ella surge toda una eclesiología, donde Agustín define la Iglesia como universal, de buenos y malos, santa y pecadora, no exclusiva, como cuerpo de Cristo, plantea unas bellas imágenes para definirla con su vasto conocimiento de la Sagrada Escritura como su principal instrumento de argumentación.
Vemos de nuevo a un Agustín que defiende su Iglesia, su fe, un incansable pastor en la palabra, en lo escrito, en los debates públicos, una autoridad que se consulta, a quien se le busca y se le pide ayuda, quien plantea una doctrina no precisamente sistemática pero que si lo será a posteriori.  La teología sacramental que surge de esta polémica será la que se citará en Trento y en el Concilio Vaticano II.  De igual forma, en el fondo de esta controversia se percibe una cuestión antropológica que tiene directa relación con la concepción entre pecado y gracia, por la reconciliación de la Iglesia.

 Como podemos ver, de una y otra controversia, y de las demás que debatió Agustín como pastor, defensor de su fe, de su Iglesia, hay una riqueza enorme, de los temas principales se desprenden otros que no por ser secundarios no merecen nuestra atención y estudio.  Agustín de Hipona, se define por su obra, vida y obra en este Padre de la Iglesia occidental están íntimamente ligadas.  Considero que la vía más adecuada y fructífera para acercarnos a su vida es precisamente accediendo a sus obras.

Los Primeros Cristianos

Presentamos un interesante vídeo-reportaje que anima a los cristianos de hoy a seguir el ejemplo de los primeros cristianos.

A la pregunta sobre si puede el cristianismo inspirar una cultura global, la respuesta es clara: EL CRISTIANISMO SÍ PUEDE Y DEBE INSPIRAR ESA CULTURA GLOBAL.

De hecho, ya sucedió al principio de nuestra era. Los primeros cristianos lo consiguieron. Ahora este es el "nuevo" reto de los cristianos de hoy.

"Lo que es el alma para el cuerpo, eso son los cristianos para el mundo" (Epístola a Diogneto, siglo II-III) .


En la elaboración de este video se han tomado imágenes de la serie "Los Primeros Cristianos" de Goya Producciones :


San Pedro del Vaticano

sábado, 7 de agosto de 2010

Información relevante



Las Cartas, que ascienden a 270 dentro de la colección Benedictina (53 de ellas corresponden a remitentes de Agustín), son un tesoro de gran valor para profundizar en el conocimiento de su vida, de su influencia e, incluso, de su doctrina.


La obra completa de Agustín consta de 41 volúmenes. El volumen once se divide en T. 1 y T. 2 y junto con el ocho, contienen las cartas que dirigió a diferentes personalidades. El Volúmen 11 T. 1 contiene la segunda parte de las cartas.