Fray Andrés Gómez Rozo, O.S.A.
Esta IV conferencia del CELAM parte de un fundamento teológico para iluminarnos acerca de la postura de nuestra Iglesia latinoamericana frente a los medios de comunicación social: la evangelización como anuncio del Reino es comunicación para que vivamos en comunión. Vivir en comunión a ejemplo de Dios uno y trino que nos ha creado a su imagen y semejanza, que ha entrado en la historia y ha inaugurado un mundo de nuevos encuentros, intercambios, comunicación y comunión; es desde esta realidad que comprendemos el misterio del hombre llamado a desarrollar su identidad en el encuentro con otros.
El Padre se comunica con nosotros a través del Verbo hecho carne, Él es la Palabra liberadora y redentora, protagonista del diálogo profundo entre Dios y el hombre. Así, Cristo es el modelo del comunicador, en Él Dios sale al encuentro nuestro y espera nuestra libre y generosa respuesta. Este encuentro que crea comunión siempre es crecimiento, es camino de santidad.
Pero, para esta IV conferencia del episcopado, esta comunicación no sólo es importante en el mundo sino también al interior de la Iglesia. De hecho, el Papa Juan Pablo II, en el discurso inaugural de esta conferencia exhorta a la Iglesia para que como una prioridad intensifique su presencia en el mundo de la comunicación; dando gracias a Dios por estas herramientas que nos ofrece la cultura actual, hace un llamado a procurar la inculturación del mensaje evangélico en esta misma cultura haciéndola expresiva de Cristo.
De este modo, la conferencia reconoce y valora las muchas posibilidades que ofrece el desarrollo tecnológico en materia de comunicaciones pero no puede dejar de llamar la atención, en este contexto latinoamericano, en lo que respecta a la manipulación de la información por parte de unos pocos con enorme poder, con fines consumistas y hedonistas que atropellan nuestras culturas con sus valores e identidades. La publicidad introduce falsas expectativas y crea necesidades, sobre todo la televisión abunda en violencia y pornografía que penetra en el seno de las familias. Frente a esta realidad la Iglesia, cuya presencia es aún insuficiente en este sistema de medios, debe con agentes preparados y líderes afrontar el desafío.
Siempre se deberán apoyar e impulsar los esfuerzos por hacer de estos medios espacios en los cuales se geste el encuentro, el diálogo, la defensa de la identidad cultural, la libertad de expresión, la integración latinoamericana, sobre todo apoyar a los profesionales católicos de la comunicación para que puedan cumplir su misión. Procurar la comunicación eclesial con organizaciones internacionales para aunar esfuerzos al respecto.
No se debe escatimar en la formación técnica, doctrinal y moral de todos los agentes de pastoral que trabajan con los medios de comunicación para que haya una debida orientación que cree conciencias críticas especialmente en los hogares. Otro tanto, se deberá hacer en Universidades católicas, seminarios y casas de formación religiosa, que deberán formarse sistemáticamente para afrontar estos retos y usar la informática para optimizar nuestros recursos evangelizadores.
Creo que todo este esfuerzo, como bien nos damos cuenta, debe empezar por casa, los católicos debemos irradiar una auténtica vida cristiana siendo garantes de la comunicación que genera comunión, identidad, cultura, humanidad; este es uno de nuestros más grandes retos como Iglesia, decía su santidad Juan Pablo II que “la primera forma de evangelización es el testimonio”[1].
[1] Discurso inaugural del Santo Padre en la IV conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe, Santo Domingo.

